jueves 30 de abril de 2009




En el siglo XIX, la devoción y aprecio por la imagen del Cristo de Ixmiquilpan o Señor de Santa Teresa llevó a que en la iglesia del nuevo convento se venerara una imagen de este Cristo Crucificado. Esta imagen era venerada en la feligresía del Cardonal, de donde vino el llamarlo como el Señor del Cardonal. A principios, la figura fue trasladada a México. Cuando llegó a la Ciudad, después de un tiempo fue colocada en el convento de Santa Teresa pero no había ni altar ni lugar para ponerla, así que se decidió ponerla en una capillita al lado de la Epístola del altar mayor. No conformes con el lugar en donde se había dispuesto la imagen, las obras de una nueva capilla exterior al cuerpo de la iglesia vieja, comenzaron. Después de estas primeras construcciones, la iglesia de las carmelitas descalzas se vio intervenida varias veces para lograr lo que hasta hoy se puede observar. Y en un espacio de seis años quedó concluida, y a la santa imagen se le designó un lugar en el altar mayor, durando ahí más de cien años.

Tiempo después se pensó en otorgarle nuevamente un lugar mejor a la imagen y se mandó a erigir una nueva capilla y altar. Al final se optó por una cúpula que cubriría el altar donde estaba colocada la imagen. La construcción de esta capilla es considerada hoy en día única por la solución arquitectónica de su cúpula de doble tambor; las pilastras o columnas descansan sobre bases y los entablamentos y áticos de coronamiento están correctamente utilizados en proporciones monumentales.

El predominio de la línea horizontal sostenidas sin interrupción, hacen fría y académica esta construcción. Se puede observar un orden dórico, con un friso decorado con triglifos y metopas, ornamentadas a su vez con rosetones de un carácter sui generis, la cual fuera dada por el arquitecto Antonio Velázquez de González. Sin embargo, don Manuel Tolsá se llevó el crédito de esta construcción por ser considerado como uno de los arquitectos de la época más carismáticos y populares. Don Rafael Jimeno, director de la Academia de San Carlos, fue el encargado de la creación de los adornos interiores, en escultura y pintura. Esta capilla es única en su estilo pues la primera capilla que tiene mucho más importancia que la nave principal.

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