

Ex Templo de Santa Teresa la Antigua / Ex Teresa Arte Actual
Conocido como convento de San José o Ex Templo de Santa Teresa la Antigua –ubicado en la calle de Licenciado Primo de Verdad no. 8, entre Palacio Nacional y Templo Mayor en el Centro Histórico de la Ciudad de México- para la mayoría de las personas, este recinto fue llamado en su época convento de San José de Carmelitas Descalzas. La fundación de este lugar se debió en su mayoría al fervor religioso de dos monjas de Jesús María: Inés de la Cruz y Mariana de la Encarnación. Ambas monjas fueron muy entregadas a la oración mental y a la penitencia. También, las dos anhelaban reglas religiosas mucho más severas que aquellas establecidas por las monjas concepcionistas. Además de esto, ambas religiosas buscaban un lugar aparte de los conventos grandes, poblados de muchas monjas servidas de criadas; un lugar donde imperara la quietud y el silencio de la recolección.
Teniendo esto en mente, Inés de la Cruz y Mariana de la Encarnación se dieron a la lectura de las obras de Santa Teresa y se encendió en ellas el deseo de fundar un convento de carmelitas descalzas, donde pudiesen dar desahogo a sus inclinaciones. Sin embargo, la falta de medios para conseguirlo las detenía totalmente.
Conocido como convento de San José o Ex Templo de Santa Teresa la Antigua –ubicado en la calle de Licenciado Primo de Verdad no. 8, entre Palacio Nacional y Templo Mayor en el Centro Histórico de la Ciudad de México- para la mayoría de las personas, este recinto fue llamado en su época convento de San José de Carmelitas Descalzas. La fundación de este lugar se debió en su mayoría al fervor religioso de dos monjas de Jesús María: Inés de la Cruz y Mariana de la Encarnación. Ambas monjas fueron muy entregadas a la oración mental y a la penitencia. También, las dos anhelaban reglas religiosas mucho más severas que aquellas establecidas por las monjas concepcionistas. Además de esto, ambas religiosas buscaban un lugar aparte de los conventos grandes, poblados de muchas monjas servidas de criadas; un lugar donde imperara la quietud y el silencio de la recolección.
Teniendo esto en mente, Inés de la Cruz y Mariana de la Encarnación se dieron a la lectura de las obras de Santa Teresa y se encendió en ellas el deseo de fundar un convento de carmelitas descalzas, donde pudiesen dar desahogo a sus inclinaciones. Sin embargo, la falta de medios para conseguirlo las detenía totalmente.
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