
Una vez la imagen en su nuevo altar, se fundó una congregación de hombres y mujeres, cuyo objeto era que en ninguna hora del día faltase la adoración a la imagen, de media hora en media hora había un cambio en las personas que velaban. El convento exigía que el templo estuviese construido en tal forma que, gozando de libe acceso por parte del pueblo, pudiese servir a las monjas sin que éstas fuesen molestadas en su recogimiento. Por ello se edificó el templo de una sola nave, que ocupa menos espacio y cuyo eje principal se traza paralelo a la vía pública, permitiendo el acceso a los fieles por sus dos magníficas portadas gemelas. En estas encontramos por primera vez, columnas salomónicas en los dos cuerpo de la fachada, que además son tritóstilas, ya que el tercio inferior de las mismas se encuentra ornamentado de manera distinta al resto del fuste.
Las monjas podían presenciar los oficios desde los coros bajo –actualmente el vestíbulo 1- y alto, los cuales se encontraban separados de la nave principal por rejas decoradas con puas y cubiertas, además, de cortinas, que impedían observar hacia el interior de los mismos. Las rejas fueron arrancadas, un muro tapó los arcos y el piso de azulejos del coro bajo fue removido.
La obra duró 15 años, iniciando en febrero de 1798 y concluyendo en mayo de 1813.
A causa del terremoto del 7 de abril de 1845, la cúpula y gran parte del ábside se derrumbaron, perdiéndose por ello algunas magnificas pinturas de Jimeno. Bajo la dirección del eminente arquitecto don Lorenzo de la Hidalga, la cúpula fue reparada y redecorada en el interior por el renombrado pintor Juan Cordero.
Las monjas podían presenciar los oficios desde los coros bajo –actualmente el vestíbulo 1- y alto, los cuales se encontraban separados de la nave principal por rejas decoradas con puas y cubiertas, además, de cortinas, que impedían observar hacia el interior de los mismos. Las rejas fueron arrancadas, un muro tapó los arcos y el piso de azulejos del coro bajo fue removido.
La obra duró 15 años, iniciando en febrero de 1798 y concluyendo en mayo de 1813.
A causa del terremoto del 7 de abril de 1845, la cúpula y gran parte del ábside se derrumbaron, perdiéndose por ello algunas magnificas pinturas de Jimeno. Bajo la dirección del eminente arquitecto don Lorenzo de la Hidalga, la cúpula fue reparada y redecorada en el interior por el renombrado pintor Juan Cordero.
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